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Un día en clase de gimnasia me
di cuenta de que Belén no estaba en el vestuario de
las chicas… y me dio el impulso de ir a buscarla,
igual se había puesto enferma, o algo por el estilo.
- Belén, ¿Belén?- Gritaba
buscándola- va a empezar la clase… ¿Bel…?
Escuche unos ruidos bastante
raros al otro lado del gimnasio… pero por si acaso fui
a buscar a la profesora para que me dijese qué era.
Entramos en el gimnasio y lo
cruzamos, los sonidos llegaban del cuarto de los
balones, yo estaba muerta de miedo, me imaginaba
cualquier cosa… que le estuvieran pegando una paliza a
alguien, o algo peor.
Al abrir la puerta los sonidos
pararon, no se veía nada, así que busque a tientas la
luz.
La lámpara se encendió y una
escena bastante fuerte y la verdad demasiado morbosa
como para quedarme callada me hizo gritar.
Llegaron chicos por todos lados
para ver que es lo que había ocurrido, se me subieron
los colores, y creo que a Belén también. Manu estaba
blanco como la pared y parecía haberse quedado mudo, y
no me extraña, con semejantes cuernos, si, Belén le
estaba poniendo los cuernos y bien puestos.
- ¡¡PUTA!!- Fue lo único que le
salio de la boca antes de salir corriendo-.
Le seguí asta las escaleras de
incendio, donde se derrumbó.
- Tranquilo, venga que todo va a
salir bien, ya verás- Le dije sin mucho
convencimiento- Seguro que es un malentendido...
- ¿Un malentendido? ¡¡Por Dios!!
¡Si estaba casi en bolas!- Fue su contestación, la
verdad, no es que se le pudiese decir nada con sentido
en esos momentos, además su cara había pasado de
blanco a rojo fuego, estaba rabioso y buscaba
venganza.
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