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Capítulo III

 

  La lluvia caía con fuerza en las afueras de la mansión y empapaba de forma aterradora sus enormes ventanales. Un relámpago dividió el oscuro cielo en dos y un fuerte estruendo inundó la estancia y sus alrededores.

  Un poco sobrecogida por el frío, Jude se revolvió dentro de la pesada colcha en la que estaba envuelta, sentada en el bordillo de la ventana mientras contemplaba las gotas que caían a gran velocidad, estrellándose contra el cristal donde tenía apoyada su frente.

Aspiró una gran bocanada de aire y luego lo expulsó lentamente, como si de aquella manera fuera a  conseguir expulsar la enorme presión que tenía aguardada en su pecho. Una y otra vez repasaba la discusión que había mantenido con su gemela hacía horas, y cuanta más veces visualizaba la escena y la cara de tristeza de June al marcharse, mayor era la presión que la martirizaba en su interior.

-“Me he pasado”-se dijo a sí misma esbozando una desagradable mueca mientras se apartaba del cristal y se agazapaba aún más en el interior de la manta, como si intentara esconderse dentro de ella. Una repentina sensación de hambruna le distrajo de sus cavilaciones y un escalofrío le recorrió la columna vertebral como un latigazo.

  Horrorizada ante la idea de descontrolarse como su gemela, se apartó de la ventana y se tiró a la cama, ocultándose bajo la colcha por completo y llevándose las manos a la cabeza mientras temblaba como una hoja seca. Le aterrorizaba salir al exterior y caminar entre la multitud, fingiendo ser una persona normal para observar a sus posibles presas con indiferencia y, tras decidirse por una de ellas, engatusarlas de la mejor manera posible para arrebatarle aquel líquido rojo que les permitía estar vivos.

-“Vivir a costa de las vidas de otros”-pensó asomando un poco la cabeza y volviendo a dirigir la mirada hacia la ventana.

  Siempre había pensado que ese tipo de vida era espeluznante, pero como siempre las había visto a través de esas películas que ella tanto adoraba, les parecía emocionante; una gran baza por la que sacarle partido a la personalidad de un personaje ficticio...pero verse a ella misma sometida a semejante ley, sin la opción de huir de ella...la hacía presa del pánico.

Una fuerte pero firme llamada a la puerta la sonsacó de su ensimismamiento, devolviéndola de forma brusca a la realidad. Se incorporó hasta quedar sentada en la mullida cama y, tras aclararse levemente la voz, habló:

-¿Sí?-preguntó a la otra persona que se hallaba al otro lado de la puerta. Esta se abrió con un chirrido casi cinematográfico y dejo pasar a una mujer mayor, de aspecto dulce y rasgos orientales.

Jude pensó que en su vida había visto a una mujer tan guapa; sus pestañas pobladas se rizaban a la perfección, a juego con sus carnosos labios pintados de rojo y su cara pálida como una preciosa muñeca de porcelana.

 

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