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Capítulo II
El color negro siempre había sido de su agrado, era
una tonalidad que le fascinaba
ya que era considerado un tipo de color cuando su
esencia residía precisamente
en la ausencia de este. Pero aquella mirada, tan
fría e inexpresiva plasmada
en el único ojo que aquel hombre, Armand, dejaba
entrever le ponía el vello de
punta.
-¿Vampiros?-repitió Jude temblorosa, pero con una
mirada incrédula-
Estarás de broma, ¿no? Los vampiros...
-...No existen.-terminó la frase sin cambiar su
expresión ni un ápice-Todos
dicen los mismo tras recibir el "abrazo". Es normal
que te sientas aturdida.
-¿El abrazo?
-Es el ritual...-respondió June, su gemela, con
suavidad-...por el que un humano
se transforma en vampiro.
Jude miró a su gemela durante unos segundos y volvió
la vista hacia el hombre
que se erguía ante ellas, así unas cuantas veces
hasta que por fin pudo ordenar
todas las preguntas que se le amontonaban en su
caótica cabeza.
-¿Por qué? ¿Por qué me habéis convertido en...eso
sin que yo quisiera?
Armand se recolocó la túnica violácea antes de
responderle.
-Porque si no lo hubiéramos hecho, ahora mismo
estarías enfriándote en tu
habitación. June inflingió una de las grandes normas
de ésta casa; si hubiera permitido
tu muerte, probablemente hubieran empezado a
sospechar sobre nuestra
existencia y eso la habría conducido a la sentencia
definitiva.
Jude le dirigió una mirada rencorosa, provocando que
aquel vampiro
arqueara la ceja, mostrando una expresión algo más
humana.
-Ahora tengo asuntos que atender; debo ir a hablarle
a La Señora de tu llegada.-
se volteó elegantemente, ondeando su túnica como si
fueran unas alas que
acaba de desplegar- June, encárgate de explicarle
las normas a tu hermana y de
enseñarle la mansión.
-Claro Armand, quiero decir...como ordenes
Armand.-respondió ella nerviosa
y con un leve rubor en sus mejillas.
-¡Oye tú!-le llamó de malas maneras a la vez que
intentaba levantarse por
segunda vez, apoyándose en la cama de la que hacia
minutos había estado dormida-
¡No te vayas así por las buenas y explícate como se
debe!
-Jude, por favor...-intentó persuadirla su gemela de
que no se alterase mientras
la sujetaba para que no se cayera.
El hombre de cabellera oscura se detuvo junto al
recargado umbral, pero ni se molestó en volverse
para responderle a la impertinente muchacha.
-Con esa actitud tan irascible...no durarás ni dos
días aquí.-espetó antes de dejar a ambas jóvenes en
la abarrotada estancia.
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