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Empezaron entonces los febriles preparativos para la puesta en escena. Angélica se adjudicó el papel de Hermia, y convirtió a Mathilde en Helena, y a Cordelia en Titania. El pequeño Manfred von Richthofen fue reclutado como paje indio y también como Puck, y Narciso se ofreció voluntario para hacer de Oberón. Los condes vom Metzger, divertidos, aceptaron interpretar el papel de Teseo e Hipólita, y, tras mucho hacerse de rogar, Ariadna van Koophuis accedió a transvestirse para interpretar el papel de Egeo, a condición de que Angélica vistiera sólo con colores claros durante el resto del verano. Hans, el mozo de caballerizas, no necesitó mucha inistencia para participar en la obra, pues era muy aficionado a la comedia, y se ofreció para interpretar a Lisandro y a Fondón.

Pero cuando Angélica hubo repartido los papeles entre todos los habitantes de la casa, se encontró con una pequeña crisis: no quedaba nadie adecuado para interpretar el papel de Demetrio. Hans se prestó voluntario, pero incluso él tuvo que admitir que representar a dos personajes en escena al mismo tiempo quedaba algo fuera de sus posibilidades.

Angélica empezaba a plantearse si cambiar de texto, cuando, una tarde, se presentó Iván von Fersen con una exquisita caja de chocolates belgas y un hermoso retoño de magnolio bajo el brazo para agradecer a la condesa su amable hospitalidad el día del baile. Olivia vom Metzger, que suponía al joven acompañando a su madre en Francia, o estudiando en Berlín, o, en cualquier caso, lejos de su vida, ocultó su consternación tan bien como pudo, agradeció con efusividad los presentes e invitó al hijo de Alexander von Fersen a tomar un refrigerio. Ocurrió que, al llamar a las jovencitas a tomar el té, las tres aparecieron envueltas en sábanas, al parecer, interrumpidas a medio ensayo, y cuando Iván von Fersen se enteró de los planes teatrales, manifestó su aprecio por las artes escénicas, y dejó caer lo mucho que se aburría en casa de sus abuelos durante las vacaciones. Angélica, ajena a la expresión horrorizada de la condesa, y a la sonrisa de suficiencia de su tía, le preguntó a bocajarro si querría interpretar el papel de Demetrio, a lo que él aceptó con entusiasmo.

Empezaron así largas tardes de ensayo, en las que Angélica, Cordelia, Mathilde, el pequeño Manfred, Narciso e Iván, que acudía todos los días puntualmente a la residencia vom Metzger a las tres y media de la tarde, se encerraban en algún saloncito, y no salían más que para reclamar la presencia de alguno de los otros actores. Si alguien pasaba por delante de la puerta cerrada, oía risas y parloteos excitados, y no cabía duda de que los jóvenes lo estaban pasando de lo lindo.

Olivia vom Metzger no pudo soportar la tensión, y, al cabo de dos días de morderse los puños, se coló subrepticiamente en la habitación contigua a la que ocupaba el grupito para espiarles.

 

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